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Práctica profesional vs primer empleo: cuál conviene más

Workondor · Septiembre 2026 6 min de lectura

Estás terminando la carrera y aparecen dos caminos al mismo tiempo. Uno es hacer la práctica profesional que te pide la universidad. El otro es que alguien te ofrezca un cargo con contrato y sueldo, y la duda instalada: si tomo el trabajo, ¿estoy perdiendo algo?

La respuesta depende de tu carrera y del momento en que estás, pero antes de decidir conviene tener claras las diferencias, que son más grandes de lo que parecen.

No son dos versiones de lo mismo

La práctica profesional es una actividad académica. Existe para que apliques lo que estudiaste en un contexto real y para que la universidad certifique que lo hiciste. Tiene supervisor, tiene informe, tiene evaluación y tiene fecha de término conocida desde el primer día, normalmente entre uno y seis meses según la carrera.

El primer empleo es una relación laboral. Te contratan porque necesitan que alguien haga un trabajo, no porque estén enseñándote. Nadie va a evaluar tu proceso de aprendizaje; van a evaluar tus resultados, igual que a cualquier otro miembro del equipo.

La diferencia legal y de plata

Acá está el punto que más se malentiende. En Chile la práctica profesional se formaliza con un convenio entre la empresa, el estudiante y la casa de estudios, y no da origen a un contrato de trabajo. Lo que sí establece el Código del Trabajo es que la empresa debe proporcionar colación y movilización, o una asignación equivalente, durante el período de práctica.

Es decir: la práctica no obliga a pagar sueldo. Muchas empresas igual entregan una asignación mensual porque compiten por buenos practicantes, pero es una decisión de cada una, no un derecho. Como no hay contrato de trabajo, tampoco hay cotizaciones previsionales, ni vacaciones legales, ni gratificación, ni finiquito.

El primer empleo funciona al revés. Hay contrato, sueldo pactado, cotizaciones de AFP y salud, feriado que se devenga mes a mes, gratificación cuando corresponde y todas las protecciones de la ley laboral. Ese es el salto real entre uno y otro, y no es solo el monto del depósito a fin de mes.

Antes de firmar cualquier cosa, confirma las condiciones con la coordinación de prácticas de tu carrera. Cada institución tiene reglas propias sobre horas mínimas, seguro escolar y qué convenios acepta.

Cuando la práctica no es opcional

En varias carreras la discusión se acaba antes de empezar, porque la práctica es requisito de titulación y sin ella no hay título.

Pasa en el área de la salud, donde los internados clínicos son parte del plan de estudios y además condición para ejercer. Pasa en pedagogía con la práctica profesional en aula. Pasa en la mayoría de las carreras técnicas de nivel superior, donde la práctica está incorporada al currículum. Y pasa en muchas ingenierías, que exigen prácticas con una cantidad mínima de horas certificadas.

Si estás en alguna de estas, la pregunta no es cuál conviene, sino cómo hacer que la práctica obligatoria termine convirtiéndose en algo más. En otras carreras, sobre todo del área comercial, administrativa y creativa, la práctica es recomendada pero no exigida, y ahí sí hay una decisión que tomar.

Cuándo conviene la práctica

Cuando todavía no sabes en qué parte de tu carrera quieres trabajar. Una práctica es una prueba corta y de bajo costo: si el área no te gusta, se acaba en tres meses y nadie te pregunta por qué te fuiste. Renunciar a un trabajo a los tres meses es una conversación bastante más incómoda.

Cuando la empresa que te recibe es un nombre que abre puertas después. Marcar una práctica en una empresa grande y reconocida en tu CV pesa, sobre todo si el trabajo directo al que puedes acceder hoy es en un lugar del que nadie ha escuchado.

Cuando el cargo que te ofrecen como primer empleo no tiene nada que ver con lo que estudiaste. Tomar cualquier trabajo para no quedar sin ingresos es legítimo, pero si además puedes hacer la práctica en tu área, estás construyendo el CV correcto.

Y cuando te queda poco para egresar. Una práctica en paralelo al último semestre es manejable; un trabajo de jornada completa mientras cierras la tesis suele terminar mal para los dos lados.

Cuándo conviene el primer empleo

Cuando ya cumpliste el requisito académico. Si tu carrera no exige práctica o ya la hiciste, encadenar prácticas no remuneradas para "ganar experiencia" es un mal negocio: haces trabajo real sin las condiciones de un trabajo real.

Cuando necesitas ingresos estables. No es un factor menor ni algo que haya que disculpar. Un contrato con cotizaciones también significa salud, seguro de cesantía y años de imposiciones que empiezan a correr.

Cuando el cargo es junior de verdad, con jefatura que enseña y equipo del que aprender. Un buen primer empleo entrega lo mismo que una práctica y además paga, con la ventaja de que la responsabilidad real acelera el aprendizaje.

Y cuando ya tienes claridad de rumbo. Si sabes en qué te quieres especializar, un año en el cargo correcto rinde más que tres prácticas de tres meses en áreas distintas.

Cómo convertir una práctica en empleo

Buena parte de las contrataciones junior salen de practicantes que ya estaban adentro, porque la empresa se ahorra el riesgo de contratar a alguien que no conoce. Pero eso no pasa solo.

Pide una conversación con tu jefatura en la primera semana y pregunta directamente qué necesita que hagas bien para que la práctica sea un aporte. Tener el objetivo escrito cambia cómo trabajas.

Deja algo que quede funcionando después de que te vayas: una planilla ordenada, un procedimiento documentado, un proceso que antes se hacía a mano. Lo que se recuerda de un practicante casi nunca son las tareas del día a día, es la cosa concreta que dejó andando.

Y no esperes al último día para preguntar. Un mes antes de terminar, di que te interesaría seguir y consulta si hay algo abierto o proyectado. Si la respuesta es no, te quedan cuatro semanas para buscar con calma en vez de empezar de cero el lunes siguiente.

Qué mira la empresa después

Cuando postulas a tu segundo trabajo, lo que revisa quien contrata no es la etiqueta sino lo que hiciste. Una práctica de tres meses bien contada, con tareas concretas y algo que se pueda mostrar, dice más que un año en un cargo donde no tienes claro de qué te encargabas.

Por eso el consejo práctico es el mismo para los dos casos: documenta mientras trabajas. Qué hacías, con qué herramientas, qué problema resolviste, qué cambió después. Esa información se olvida rapidísimo y es exactamente la que te van a pedir en la próxima entrevista.

Y sea cual sea el camino, el filtro de entrada es el mismo cuello de botella. En Workondor los perfiles de recién egresados se muestran a empresas que buscan talento junior y la conversación empieza solo cuando ambos lados se eligen.

La decisión final rara vez es entre una buena práctica y un buen empleo. Casi siempre es entre la opción concreta que tienes sobre la mesa hoy y la que estás esperando que aparezca. Compara esas dos, no las versiones ideales.

Práctica o primer empleo, el perfil es el mismo

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